Chiquinquirá y la Laguna de Fúquene (Segunda parte)

En la segunda mitad del siglo XVI, el español Antonio de Santana era el encomendero o encargado de hacer cumplir las órdenes del Rey en la región de Suta. Devoto de la Virgen María, encargó al fraile dominico   Andrés Jadraque quien fue hasta Tunja y pidió al pintor español Antonio de Narváez que le hiciera un cuadro. El lienzo; de fabricación indígena; resulto un poco grande, por lo que para llenar los espacios se hizo la imagen de la virgen y de los santos Andrés Y Antonio de Padua´. La muerte de Don Antonio y el traslado de Fray Andrés hicieron que la capilla de oración se descuidara y consecuentemente vino el deterioro de la pintura. La viuda de Don Antonio; Doña Catalina de Irlos; se trasladó para la despoblada y pantanosa  aldea de Chiquinquirá, llevando consigo el lienzo para usos domésticos. La esposa de su cuñado Pedro de Santana encomendador de Tunja; Maria Ramos; se vino a vivir con ella, decepcionada por la infidelidad de su consorte. Ella tomo el lienzo y lo coloco en una pared, frente al  cual oraba insistentemente.  En el año 1586, se renueva el milagroso cuadro en presencia de una indígena católica de nombre Isabel, su pequeño hijo y de María Ramos. El lugar de la renovación, hoy es un hermoso templo ubicado en el costado oriental del parque Julio Flórez de la ciudad de Chiquinquirá. Los frailes dominicos trasladaron la casa de la virgen a un lugar más alto y algunos historiadores, aseguran que la razón fue un terremoto ocurrido en 1875. Otros, más acuciosos aseguran que la decisión de los frailes se debió a las inundaciones que en época de invierno alcanzaban el lugar.
Como buen campesino observador, me adhiero a esta teoría. Es cuestión de entrelazar los acontecimientos históricos y religiosos:
Fúquene, santuario sagrado y de adoración de los nativos.
Chiquinquirá o Zequenquirá que en quechua significa lugar pantanoso y lugar de los dioses.
La renovación milagrosa del cuadro de la Virgen.
El lugar tiene un magnetismo que favorece la espiritualidad y eso lo confirman las diferentes expresiones del hombre y su relación con el poder supremo.
 Si, los límites de la laguna en los años 1500 llegaban hasta donde hoy se encuentra la iglesia de la renovación en la cuidad de Chiquinquirá. Para esa misma época, sin la custodia del receloso, desplazado y acuático dios Fu de los Muzos,  las profundidades cristalinas de cincuenta metros en promedio, eran tan diferentes de los uno punto cinco metros del pando y turbio charco  de hoy.